jueves, 31 de enero de 2013

Julio Herrera y Reissig, 'Las clepsidras'.

IDEALIDAD EXÓTICA

Tal la exangüe cabeza, trunca y viva,
de un mandarín decapitado, en una 
macábrica ficción, rodó la luna
sobre el absurdo de la perspectiva...

Bajo del velo, tu mirada bruna
te dio el prestigio de una hurí cautiva;
y el cocodrilo, a flor de la moruna
fuente, cantó su soledad esquiva.

Susceptible quién sabe a qué difuntas
dichas, plegada y con las manos juntas,
te idealizaste en gesto sibilino...

Y a modo de espectrales obsesiones,
la torva cornamenta de un molino
amenazaba las constelaciones...


EPITALAMIO ANCESTRAL

Con pompa de brahmánicas unciones,
abriose el lecho de sus primaveras,
ante un lúbrico rito de panteras,
y una erección de símbolos varones...

Al trágico fulgor de los hachones,
ondeó la danza de las bayaderas,
por entre una apoteosis de banderas
y de un siniestro trueno de leones.

Ardió al epitalamio de tu paso,
un himno de trompetas fulgurantes...
Sobre mi corazón, los hierofantes

ungieron tu sandalia, urna de raso,
a tiempo que cien blancos elefantes
enroscaron su trompa hacia el ocaso.


[Leo a Herrera y Reissig y digo con Huidobro: "Al fin se ha descubierto mi maestro".]


Del libro La torre de las esfinges, no hay que dejar de leer el poema "Tertulia lunática". Con él ya estamos en un simbolismo que quiere despojarse de todo lo que apesta a decimonónico, un simbolismo irracional y salvaje, muy siglo XX, que corre a hacerse añicos en la Vanguardia.